Historia política breve

agosto 6, 2009 en Blog, La Tarde

Fui el primer alcalde de Pereira, mi ciudad natal, en el gobierno de López Michelsen -1974- y más tarde pasé a ser Secretario General del Ministerio de Desarrollo Económico. Había acompañado con los jóvenes de mi generación a López –“El Pollo”- en su campaña presidencial en Risaralda, mi departamento. Compartimos innumerables ocasiones con él. Su liderazgo fue imaginativo, fresco, lúcido, rebelde, liberal en todo el sentido de la expresión. Nos llenó de esperanzas y entusiasmo a los jóvenes y a todos los colombianos. La respuesta popular en las urnas fue impresionante, obtuvo la mayor votación de la historia.

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El pantano del narcotráfico

julio 14, 2009 en Blog, La Tarde

Mientras la industria de drogas psicotrópicas esté penalizada en el mundo, Colombia se hundirá cada día más en la corrupción y en la violencia.

El tema ha sido tratado por científicos de reconocimiento internacional, desde diferentes disciplinas y distintos puntos de vista. Social, económico, político, jurídico, de seguridad y de la propia salud humana.

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Ecuador, País hermano

julio 6, 2009 en Blog

Ha pasado un año de la expedición punitiva del gobierno colombiano en territorio ecuatoriano para matar a Raúl Reyes. Es verdad, Colombia está mejor sin este individuo vivo. Pero eso no obsta para que examinemos con cabeza fría el acontecimiento.

Tal vez la mejor manera de ver las cosas sea preguntarse, a quién le gustaría en Colombia que amaneciéramos cualquier día con la noticia de que Chávez bombardeó la Guajira para exterminar a enemigos del Estado venezolano. Qué sentiríamos si mañana nos dicen que el señor Correa se metió al Putumayo, bombardeó, dejó muertos tirados y se fue. Qué sentiríamos si amanecemos con la noticia de que “marines” americanos vinieron en helicópteros, como lo hicieron en Panamá en 1989, bombardearon a Bogotá, mataron, y se llevaron políticos, bandidos, lo que sea, muertos, vivos, para exhibirlos en las morgues y guardarlos en las cárceles de los Estados Unidos.

En escala más doméstica. Qué sentiríamos si nos despierta al amanecer el alboroto de un vecino que se metió por el entejado a nuestra casa, para perseguir una rata que salió de la suya, destruyendo lo que encuentra adentro de nuestro propio hogar.

Tenemos ejemplos recientes en el mundo, que sirven de referente para comprender la situación. El llamado “ataque preventivo” a Irak. Tratadistas del derecho internacional, politólogos, políticos, militares, historiadores, expertos en seguridad, han escrito libros al respecto. No conozco uno sólo que haya defendido la incursión de los Estados Unidos a Irak. Por el contrario, la condenan con argumentos poderosos que sacan de los tratados que rigen la convivencia en el planeta y de la propia experiencia de la humanidad a lo largo de milenios atravesados por guerras.

La invasión a Irak fue una barbaridad que los Estados Unidos están pagando con muertos, con millones de millones de dólares, con desprestigio y pérdida de confianza internacionales, con repudio ante la historia. Y con el odio perenne de pueblos árabes que nunca olvidarán, nunca perdonarán y nunca dejarán de vengarse.

Si Usted pregunta a trabajadores que han perdido sus empleos en Colombia por el cierre del mercado ecuatoriano, o empresarios que dejaron de vender sus productos a Ecuador después del incidente de soberanía, tendrá mejor perspectiva del asunto. Si Usted pregunta a familiares de colombianos que han sido linchados en Ecuador desde entonces, o de compatriotas que han sido echados y humillados al otro lado de la frontera, verá las cosas de manera más correcta. Las pasiones, las emociones que llevaron a que se desencadenaran estos hechos, son malas consejeras y de poco ayudan a la comprensión de las cosas.

Pueda ser que algún día los colombianos seamos capaces de recuperar el respeto, la consideración y el cariño del pueblo ecuatoriano. Nuestros hermanos deben entender que lo que ocurrió, no lo compartimos todos en esta nación.

Es bueno que lo sepan

julio 2, 2009 en Blog

Hace poco más de 45 años que probamos en entorno de mis allegados el secuestro. El desenlace fue fatal. Con el correr del tiempo, se fueron agregando al rosario otras cuentas amargas. Pocas de esas personas amigas regresaron vivas o llevaron el resto de sus vidas a cabalidad. El secuestro es horrendo, destruye a las víctimas y a sus familias.

Para completar, quienes sufren ese martirio se convierten en objetos políticos, tanto de los secuestradores, como del gobierno. Los unos secuestran para ganar puntos en sus guerras y el gobierno se niega al Acuerdo Humanitario para consolidar el respaldo de la ciudadanía.

En el trance de los unos con su crueldad y los otros con su intransigencia, han muerto numerosas personas. MIs amigos y amigas fallecidos, seres admirables.

No discutiré más el punto. Cuando llegue otro presidente, habrá Acuerdo Humanitario en pocos días y entonces se sabrá que los padecimientos y las discusiones de estos ocho últimos años, fueron estúpidos. Que se perdieron vidas sin necesidad por cuenta de la política, de la propaganda, de la imagen, de los votos. De terroristas que hacen política con el secuestro y del gobierno que también hace política en ese escenario macabro.

He escrito innumerables veces sobre el tema y no le encuentro sentido a insistir. Sería inútil. Es darles la razón a las partes. Si nadie les para bolas, dejan de ser poderosos en sus acciones y en sus posiciones.

Este problema al fin de cuentas no es de razones, sino político. Quienes secuestran no van a dejar de hacerlo, solo liberarán a las víctimas cuando reciban el precio que piden. Propaganda y dinero. El gobierno no dará el brazo a torcer con el Acuerdo Humanitario. Y el público no querrá que las guerrillas ganen puntos, aunque tampoco dejen de existir. Mientras el gobierno esté plantado en la raya, en el ambiente flota la sensación de que la guerra se está ganando, sin necesidad de entrar en datalles. Con la sensación basta, es lo que pide la mayoría para irse a la cama tranquila.

Como tantos que conocen de cerca la tragedia del secuestro, sé que todo esto es infame. El plagio, la negociación y la negación del Acuerdo Humanitario. Y sé que quienes caen en la red de este juego político, caen en desgracia para siempre y arrastran a sus seres queridos a ese infierno. Ni los guerilleros tienen piedad, ni el gobierno caridad, ni la sociedad solidaridad.

Soy de los que están por fuera de ese círculo. Abomino el secuestro y señalo a los secuestradores con indignación y desprecio. Pero señalo también al gobierno y a los fanáticos que lo apoyan desde la galería para perpetuar los sufrimientos de familias colombianas ensombrecidas por la crueldad. Es bueno que lo sepan, negarse al Acuerdo Humanitario, es prolongar el dolor.

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