Historia política breve

agosto 6, 2009 en Blog, La Tarde

Fui el primer alcalde de Pereira, mi ciudad natal, en el gobierno de López Michelsen -1974- y más tarde pasé a ser Secretario General del Ministerio de Desarrollo Económico. Había acompañado con los jóvenes de mi generación a López –“El Pollo”- en su campaña presidencial en Risaralda, mi departamento. Compartimos innumerables ocasiones con él. Su liderazgo fue imaginativo, fresco, lúcido, rebelde, liberal en todo el sentido de la expresión. Nos llenó de esperanzas y entusiasmo a los jóvenes y a todos los colombianos. La respuesta popular en las urnas fue impresionante, obtuvo la mayor votación de la historia.

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El que paga pone las condiciones

agosto 4, 2009 en Blog, La Tarde

Hay qué preguntarse para quién es el liberalismo y para quién debiera ser.

El Partido Liberal se convirtió con los años, en una fuerza al servicio de los políticos y de quienes los financian.

En los últimos decenios el dinero se tomó la política colombiana y por tanto, al Partido Liberal. Más que convencer con ideas y propuestas, en las elecciones se mercadean aspiraciones de personas a costos exorbitantes.

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El régimen es un fracaso.

agosto 1, 2009 en Blog, La Tarde

El régimen que dirige a la nación es un fracaso.

Un fracaso económico y social, lo dicen el desempleo y la pobreza crecientes. Tres millones de desocupados y cerca de cuatro millones de desplazados. La caída de la producción y las exportaciones. El bajonazo de las ventas en los almacenes. La destrucción del comercio con Venezuela y Ecuador, dos de los tres principales mercados externos de Colombia.

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El regreso del Liberalismo al Partido Liberal

julio 30, 2009 en Blog

Soy precandidato Liberal a la Presidencia de la República. El lema de mi campaña en la Consulta Popular es: “EL REGRESO DEL LIBERALISMO AL PARTIDO LIBERAL”.

El Partido Liberal de tiempo atrás dejó de ser liberal. Abandonó la ética y los compromisos sociales del liberalismo. Es por lo que la gente común y corriente le quitó sus afectos y dejó de confiarle su representación. Se dieron cuenta de que había pasado a actuar desde el poder del Estado, en contravía de los intereses de las mayorías y a comportarse de manera distinta a como piensan y actúan los liberales. Despreciando las ideas, los programas, los modales, las obligaciones del liberalismo.

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El pantano del narcotráfico

julio 14, 2009 en Blog, La Tarde

Mientras la industria de drogas psicotrópicas esté penalizada en el mundo, Colombia se hundirá cada día más en la corrupción y en la violencia.

El tema ha sido tratado por científicos de reconocimiento internacional, desde diferentes disciplinas y distintos puntos de vista. Social, económico, político, jurídico, de seguridad y de la propia salud humana.

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República Bananera

julio 11, 2009 en Blog, La Tarde

Los intentos de la segunda reelección presidencial parecen definitivamente fallidos. De esa aventura quedarán frustraciones para los promotores y varios procesos penales que los tendrán durante años en los tribunales de justicia y a no pocos de ellos en la cárcel.

Gloria a Rodrigo Lara Bonilla

julio 8, 2009 en Blog

¡Cómo le hacen de falta al liberalismo el carácter, la inteligencia y las convicciones políticas de Rodrigo Lara Bonilla! ¡Cómo le hacen de falta a Colombia!

Las realidades colombianas son desafiantes para las conciencias libres y solidarias. Los sufrimientos de millones de compatriotas no tienen nombre, mientras el escenario de la política está dominado por burócratas y vividores que conciben el poder como el más rentable y delicioso pasatiempo.

El liberalismo no despierta de la embriaguez que le produjeron largos años de poder desperdiciados en repartirse prebendas y montar maquinarias políticas clientelistas para exprimir al Estado, no obstante que crecían en sus narices la violencia y la miseria. Y más que eso, hasta las prohijaban con intención o por negligencia. Muchos liberales sienten nostalgia de esos tiempos de vagancia y corrupción.

Pero no fueron solo liberales. El narcotráfico y su terrible evolución en la vida colombiana florecieron por la inmoralidad y la incompetencia de los dirigentes políticos colombianos, liberales y conservadores. Desde finales de los setentas y comienzos de los ochentas, hasta nuestros días, candidatos a cargos encumbrados del Estado, empezando por la presidencia de la república, se plegaron a los poderes de la mafia para conquistar sus victorias. Varios han llegado al solio de Bolívar. Lo han manchado y deshonrado, mientras por su culpa el destino de esta nación se hunde en la tragedia.

Desde Belisario Betancur hasta Alvaro Uribe, los demonios del narcotráfico rondan los círculos de poder en Colombia. Financian campañas políticas y apoyan a sangre y fuego candidatos presidenciales, al Congreso y a todo tipo de elecciones populares. Tanta fue la obstinación del narcotráfico, tanta la inmoralidad y la ambición de los políticos, que al fin de cuentas las mafias lograron entronizarse en el poder. Asolaron a sangre y fuego campos, ciudades. Aterrorizaron a la población, sembraron de fosas comunes el suelo de Colombia. Desplazaron y arrebataron. Compraron conciencias débiles, deleznables. Hicieron fraude en las urnas. Todo, para dejar este deshonroso destino de ver desfilar sin cesar a decenas de congresistas y altos funcionarios hacia las cárceles para responder por delitos de concierto para delinquir y de lesa humanidad. Además de vivir este ambiente de corrupción y terror en el que zozobra el país.

Si la vida de Rodrigo Lara Bonilla no hubiese sido segada por políticos corruptos y sicarios de la mafia hace veinticinco años, Colombia sería otra, más desarrollada y civilizada. Más justa. Más encomiable ante la historia y ante el concierto internacional por su respeto a los derechos humanos, al trabajo honrado y a la vida decente, afincada en la justicia social.

Gloria a mi compañero de luchas Rodrigo Lara Bonilla. Y que la vida nos dé el coraje y la oportunidad de seguir el ejemplo de su entereza y de su ética, únicos caminos para la redención de Colombia.

Ecuador, País hermano

julio 6, 2009 en Blog

Ha pasado un año de la expedición punitiva del gobierno colombiano en territorio ecuatoriano para matar a Raúl Reyes. Es verdad, Colombia está mejor sin este individuo vivo. Pero eso no obsta para que examinemos con cabeza fría el acontecimiento.

Tal vez la mejor manera de ver las cosas sea preguntarse, a quién le gustaría en Colombia que amaneciéramos cualquier día con la noticia de que Chávez bombardeó la Guajira para exterminar a enemigos del Estado venezolano. Qué sentiríamos si mañana nos dicen que el señor Correa se metió al Putumayo, bombardeó, dejó muertos tirados y se fue. Qué sentiríamos si amanecemos con la noticia de que “marines” americanos vinieron en helicópteros, como lo hicieron en Panamá en 1989, bombardearon a Bogotá, mataron, y se llevaron políticos, bandidos, lo que sea, muertos, vivos, para exhibirlos en las morgues y guardarlos en las cárceles de los Estados Unidos.

En escala más doméstica. Qué sentiríamos si nos despierta al amanecer el alboroto de un vecino que se metió por el entejado a nuestra casa, para perseguir una rata que salió de la suya, destruyendo lo que encuentra adentro de nuestro propio hogar.

Tenemos ejemplos recientes en el mundo, que sirven de referente para comprender la situación. El llamado “ataque preventivo” a Irak. Tratadistas del derecho internacional, politólogos, políticos, militares, historiadores, expertos en seguridad, han escrito libros al respecto. No conozco uno sólo que haya defendido la incursión de los Estados Unidos a Irak. Por el contrario, la condenan con argumentos poderosos que sacan de los tratados que rigen la convivencia en el planeta y de la propia experiencia de la humanidad a lo largo de milenios atravesados por guerras.

La invasión a Irak fue una barbaridad que los Estados Unidos están pagando con muertos, con millones de millones de dólares, con desprestigio y pérdida de confianza internacionales, con repudio ante la historia. Y con el odio perenne de pueblos árabes que nunca olvidarán, nunca perdonarán y nunca dejarán de vengarse.

Si Usted pregunta a trabajadores que han perdido sus empleos en Colombia por el cierre del mercado ecuatoriano, o empresarios que dejaron de vender sus productos a Ecuador después del incidente de soberanía, tendrá mejor perspectiva del asunto. Si Usted pregunta a familiares de colombianos que han sido linchados en Ecuador desde entonces, o de compatriotas que han sido echados y humillados al otro lado de la frontera, verá las cosas de manera más correcta. Las pasiones, las emociones que llevaron a que se desencadenaran estos hechos, son malas consejeras y de poco ayudan a la comprensión de las cosas.

Pueda ser que algún día los colombianos seamos capaces de recuperar el respeto, la consideración y el cariño del pueblo ecuatoriano. Nuestros hermanos deben entender que lo que ocurrió, no lo compartimos todos en esta nación.

Es bueno que lo sepan

julio 2, 2009 en Blog

Hace poco más de 45 años que probamos en entorno de mis allegados el secuestro. El desenlace fue fatal. Con el correr del tiempo, se fueron agregando al rosario otras cuentas amargas. Pocas de esas personas amigas regresaron vivas o llevaron el resto de sus vidas a cabalidad. El secuestro es horrendo, destruye a las víctimas y a sus familias.

Para completar, quienes sufren ese martirio se convierten en objetos políticos, tanto de los secuestradores, como del gobierno. Los unos secuestran para ganar puntos en sus guerras y el gobierno se niega al Acuerdo Humanitario para consolidar el respaldo de la ciudadanía.

En el trance de los unos con su crueldad y los otros con su intransigencia, han muerto numerosas personas. MIs amigos y amigas fallecidos, seres admirables.

No discutiré más el punto. Cuando llegue otro presidente, habrá Acuerdo Humanitario en pocos días y entonces se sabrá que los padecimientos y las discusiones de estos ocho últimos años, fueron estúpidos. Que se perdieron vidas sin necesidad por cuenta de la política, de la propaganda, de la imagen, de los votos. De terroristas que hacen política con el secuestro y del gobierno que también hace política en ese escenario macabro.

He escrito innumerables veces sobre el tema y no le encuentro sentido a insistir. Sería inútil. Es darles la razón a las partes. Si nadie les para bolas, dejan de ser poderosos en sus acciones y en sus posiciones.

Este problema al fin de cuentas no es de razones, sino político. Quienes secuestran no van a dejar de hacerlo, solo liberarán a las víctimas cuando reciban el precio que piden. Propaganda y dinero. El gobierno no dará el brazo a torcer con el Acuerdo Humanitario. Y el público no querrá que las guerrillas ganen puntos, aunque tampoco dejen de existir. Mientras el gobierno esté plantado en la raya, en el ambiente flota la sensación de que la guerra se está ganando, sin necesidad de entrar en datalles. Con la sensación basta, es lo que pide la mayoría para irse a la cama tranquila.

Como tantos que conocen de cerca la tragedia del secuestro, sé que todo esto es infame. El plagio, la negociación y la negación del Acuerdo Humanitario. Y sé que quienes caen en la red de este juego político, caen en desgracia para siempre y arrastran a sus seres queridos a ese infierno. Ni los guerilleros tienen piedad, ni el gobierno caridad, ni la sociedad solidaridad.

Soy de los que están por fuera de ese círculo. Abomino el secuestro y señalo a los secuestradores con indignación y desprecio. Pero señalo también al gobierno y a los fanáticos que lo apoyan desde la galería para perpetuar los sufrimientos de familias colombianas ensombrecidas por la crueldad. Es bueno que lo sepan, negarse al Acuerdo Humanitario, es prolongar el dolor.

Nos llegó el coletazo

junio 30, 2009 en Blog

Los Jefes de Estado no son técnicos, manejan contextos sociales, políticos, económicos, internacionales. No minucias. Tienen ideas fundamentales que inspiran sus programas.

Soy economista, pero hablo como político, con las ideas del liberalismo. Los colombianos necesitamos presidentes que miren el bosque, no los árboles.

Me refiero a la concepción de la economía y de las instituciones, temas cruciales en esta época de crisis mundial. La economía es un campo de acción en el que los factores de producción canalizan sus energías por entre una trama de instituciones que se articulan y complementan. Por allí discurren los agentes económicos para producir y consumir.

La madurez de las economías, su credibilidad, su eficacia, su poderío lo determina la solidez de las instituciones. Cuando son precarias, erráticas, la economía no fluye, las energías productivas no pueden desplegarse. Hay desempleo, la producción no crece, el costo de vida sube, aumenta la pobreza. Es lo que está ocurriendo en Colombia.

Todas las instituciones políticas y sociales son en alguna medida importantes para la economía. La Justicia, los cuerpos de seguridad del Estado, el Congreso, la diplomacia, los gremios, los sindicatos, las ONGs, los establecimientos educativos, los centros de investigación, la diplomacia, los servicios sociales, el sistema financiero, juegan papeles críticos en la economía. Hablar de economía a espaldas de las instituciones, es tontería. Buenas políticas con malas instituciones, no funcionan.

Soy amigo de la propiedad privada, fui ponente del derecho de propiedad en la Comisión 5ª de la Asamblea Constituyente. Defiendo la libertad de mercados y como liberal reconozco que las dinámicas económicas y sociales están sujetas a las libertades de los agentes económicos y de la sociedad, para tomar decisiones y asumir riesgos.

Pero sé que ninguna nación desarrollada ha logrado crecer sin la intervención del Estado, intervención que en el caso colombiano está prevista a lo largo y ancho de la Constitución, para la preservación del bien común, de los derechos humanos y del equilibrio ambiental. Y para dirigir la economía e impulsar el progreso. Esas son nuestras instituciones, no las dejan operar.

A Colombia la vienen gobernando regímenes ultra conservadores que han impedido la maduración de un Estado moderno y eficiente que promueva el crecimiento económico y la igualdad social. De sobremesa, se ponen de gorra la Constitución. Esas fallas han costado.

Se concentraron poderes en manos de particulares, que sin obligaciones con la comunidad, asumieron decisiones que afectan a todos, consumidores, ahorradores, trabajadores, a la ecología y acapararon recursos estratégicos, sin dar cuenta de sus actos. La economía colombiana enriquece sin medida a pocos y deja tendidos a muchos.

Igual pasó a los países ricos y están quebrados tratando de organizar el Estado garantista que no querían tener. La ruina los convenció, cuando ya para qué. A Colombia llegó el coletazo. Ojala no nos acabe antes de rectificar, con otro gobierno y otras ideas.

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