Iván Marulanda

Gloria a Rodrigo Lara Bonilla

Gloria a Rodrigo Lara Bonilla

¡Cómo le hacen de falta al liberalismo el carácter, la inteligencia y las convicciones políticas de Rodrigo Lara Bonilla! ¡Cómo le hacen de falta a Colombia!

Las realidades colombianas son desafiantes para las conciencias libres y solidarias. Los sufrimientos de millones de compatriotas no tienen nombre, mientras el escenario de la política está dominado por burócratas y vividores que conciben el poder como el más rentable y delicioso pasatiempo.

El liberalismo no despierta de la embriaguez que le produjeron largos años de poder desperdiciados en repartirse prebendas y montar maquinarias políticas clientelistas para exprimir al Estado, no obstante que crecían en sus narices la violencia y la miseria. Y más que eso, hasta las prohijaban con intención o por negligencia. Muchos liberales sienten nostalgia de esos tiempos de vagancia y corrupción.

Pero no fueron solo liberales. El narcotráfico y su terrible evolución en la vida colombiana florecieron por la inmoralidad y la incompetencia de los dirigentes políticos colombianos, liberales y conservadores. Desde finales de los setentas y comienzos de los ochentas, hasta nuestros días, candidatos a cargos encumbrados del Estado, empezando por la presidencia de la república, se plegaron a los poderes de la mafia para conquistar sus victorias. Varios han llegado al solio de Bolívar. Lo han manchado y deshonrado, mientras por su culpa el destino de esta nación se hunde en la tragedia.

Desde Belisario Betancur hasta Alvaro Uribe, los demonios del narcotráfico rondan los círculos de poder en Colombia. Financian campañas políticas y apoyan a sangre y fuego candidatos presidenciales, al Congreso y a todo tipo de elecciones populares. Tanta fue la obstinación del narcotráfico, tanta la inmoralidad y la ambición de los políticos, que al fin de cuentas las mafias lograron entronizarse en el poder. Asolaron a sangre y fuego campos, ciudades. Aterrorizaron a la población, sembraron de fosas comunes el suelo de Colombia. Desplazaron y arrebataron. Compraron conciencias débiles, deleznables. Hicieron fraude en las urnas. Todo, para dejar este deshonroso destino de ver desfilar sin cesar a decenas de congresistas y altos funcionarios hacia las cárceles para responder por delitos de concierto para delinquir y de lesa humanidad. Además de vivir este ambiente de corrupción y terror en el que zozobra el país.

Si la vida de Rodrigo Lara Bonilla no hubiese sido segada por políticos corruptos y sicarios de la mafia hace veinticinco años, Colombia sería otra, más desarrollada y civilizada. Más justa. Más encomiable ante la historia y ante el concierto internacional por su respeto a los derechos humanos, al trabajo honrado y a la vida decente, afincada en la justicia social.

Gloria a mi compañero de luchas Rodrigo Lara Bonilla. Y que la vida nos dé el coraje y la oportunidad de seguir el ejemplo de su entereza y de su ética, únicos caminos para la redención de Colombia.