Iván Marulanda

Constancia a Galán

Constancia a Galán

Constancia Del Senador Iván Marulanda

Sesión Plenaria del Senado, 20 de agosto de 2019

 

Señoras Senadoras, Señores Senadores.

 

Antes de ayer se conmemoraron treinta años del asesinato de Luis Carlos Galán. Con su venia, les voy a recrear algo de lo que fueron aquellos tiempos en este recinto del Senado.

El 20 de julio de 1986 ingresamos a esta sala en la que sesionamos también hoy, cien colombianos para tomar posesión de nuestras investiduras de senadores. Entramos caminando por nuestros propios medios. Pero a lo largo de la legislatura, cinco de ellos salieron en ataúdes, en desfile funerario a los cementerios.

El Senador Pedro Nel Jiménez de la Unión Patriótica, joven abogado del Meta con quien compartía las tareas de la Comisión Séptima.

El Senador Pedro Luis Valencia, también de la Unión Patriótica, médico profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, mi Universidad.

El Senador Alfonso Ospina, del Partido Conservador, joven y distinguido empresario antioqueño.

El Senador Federico Estrada, del Partido Liberal, abogado antioqueño, profesor de derecho penal y derecho constitucional de la Universidad de Medellín.

El Senador Luis Carlos Galán, del Nuevo Liberalismo, santandereano, abogado y economista, el líder más importante que tuvo Colombia en la segunda mitad del Siglo XX.

Todos, respetados colegas, asesinados por el mismo gatillo, mas no para los mismos fines. El cuadro tenebroso que les describo, fue parte del terror en el que la política, con su maña de ir del brazo de la matonería, envolvió a este país por aquellos tiempos.

Había más. Por los pasillos de este Capitolio rodaban las listas macabras de los condenados a muerte, en las que aparecían chuleados los que iban cayendo y pendientes los que seguíamos sobrevivientes.

Este recinto, Señoras Senadoras, Señores Senadores, era un campo de exterminio…

A propósito, déjenme confesarles con respeto, que ahora de vuelta a estos menesteres del Senado, treinta años después, asisto con juicio a las sesiones y desde mi silencio, entre la indulgencia y el estupor, observo cómo se juega aquí todos los días con candela. Bajo el más mínimo pretexto, en un santiamén, este salón se convierte en campo de batalla.

Queridas y queridos colegas. Para pasar del campo de batalla de hoy, al campo de exterminio de ayer, hay solo un paso ¡Cómo es de tenue la huella de la historia y de frágil la memoria!… como si la matanza de compañeros Senadores a la vuelta de la esquina en el pasado reciente, no dejara mensaje alguno en estas paredes que nos albergan…

Señor presidente, Senadores. A Luis Carlos Galán lo asesinaron en las puertas del poder… ¡no tenían otra manera de pararlo!… ¿por qué lo mataron?… porque con él iba a cambiar de manos el poder para siempre, esto es, la lógica del poder, desde la Constitución, desde la razón, desde la inteligencia, desde la palabra, Galán iba a darle la voltereta al poder y a crear otra cultura política en democracia.

Iba a poner el Estado al servicio de la gente, sobre todo de los que están en desventaja en la sociedad. Iba a arrebatárselo a los que lo usurpan para privilegiarse, para saquearlo, para enriquecerse, para vivir como rémoras del trabajo y de las oportunidades de los colombianos de a pie. Arrebatárselo a los que trampean las urnas, a los compradores de votos, a los que hacen sus proezas electorales con la burocracia y los dineros del erario.

En fin, Galán iba a cerrarle el paso a los todopoderosos, a los caballeros de industria, a los avivatos, a los explotadores. A los delincuentes que necesitan el poder para asegurarse que sus delitos permanezcan impunes y seguir campantes, enseñoreados en sus extravagancias, desafiantes, humillantes. Galán iba a quitarle el piso a la arbitrariedad, al atropello, al abuso, a la negligencia, a la prepotencia. Iba a retornarle el Estado a su dueño, al pueblo. A la justicia.

Revisen Ustedes en sus memorias la lista de líderes defenestrados… ¡siempre ha sido lo mismo!… al que amenazó en este país con pasos de animal grande el poder de los avaros, de los ególatras, de los abusivos ¡lo mataron!

Señoras, señores. En honor a Luis Carlos Galán se debe reconocer que nunca insultó, nunca amenazó, nunca hirió con el verbo ni le faltó al respeto a otros. Su lucha era potente, como el huracán, pero desde la fuerza incontenible de la decencia, del respeto, de la pulcritud, de la ilustración, de la elocuencia, desde el compromiso con Colombia.

Era el líder de una revolución pacífica, triunfante, impulsada por la fuerza de las ideas, las convicciones, la ética. Desde el conocimiento del Estado, de sus regiones y sus gentes, de sus diversidades, de las condiciones de vida de sus compatriotas, de sus necesidades, de sus destrezas y sus virtudes, de sus fallas, de sus historias, de sus esperanzas, de sus sueños. Una revolución desde el diálogo con todos y el encuentro entre todos, sin imposiciones, con la sinceridad, con la verdad. Su discurso trepidante, conmovedor, calaba en las consciencias, sacudía, empujaba a actuar, a reaccionar, a echar para adelante.

Luis Carlos Galán iba a transformar a Colombia en su momento de la historia. Iba a promover la modernización de las instituciones y por lo mismo de la sociedad, para que entre todos pudiéramos sacar la cabeza y progresar al fin por parejo, sin discriminaciones, sin dejar a nadie atrás y disfrutar de la vida en este país espléndido que nos tocó en suerte. Y claro está, para salvar a la nación del despeñadero de la corrupción, de la violencia, de la pobreza y la injusticia. Su asesinato nos hundió aún más en las tinieblas en las que aún se pierde la nación.

 

¡Qué se va a hacer, honorables Senadores! ¡Lo mataron! Pero déjenme decirles sin rodeos… ¡para redondear la tragedia, no faltaría más sino que termináramos matándonos entre nosotros mismos!… que trajéramos aquí a este palacio de las leyes, los horrores de otro holocausto, sin ni siquiera cruzarnos palabra, sin intentar otra cosa que no sea el suicidio colectivo, en el que andamos obstinados los políticos de Colombia desde hace 200 años.

Señor presidente, con respeto solicito a su señoría nos invite a ponernos de pie y a guardar un minuto de silencio y de reflexión en la memoria de Luis Carlos Galán, colombiano en el firmamento de la historia, martirizado hace treinta años. Muchas gracias.

 

Iván Marulanda

Senador