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Iván Marulanda

A Horacio Serpa

A Horacio Serpa

A Horacio Serpa

Constancia del Senador Iván Marulanda en la sesión plenaria del Senado de la República del 11 de noviembre de 2020

 

A pocos días del fallecimiento de Horacio Serpa Uribe dejo dicho en esta sesión plenaria del Senado, que fuimos compañeros en el trajín de la vida pública durante buena parte de las últimas cuatro décadas y que conocí de cerca sus condiciones humanas y políticas.

Fueron tiempos de violencia política, es más, violencia contra políticos. Serpa no se evadió del peligro que nos rodeaba, estaba siempre en la línea de adelante con los demócratas, en la defensa de la paz, la justicia social y de los derechos humanos. Sus armas, la palabra, las ideas, los argumentos, la fuerza de su compromiso con Colombia, su encuentro cara a cara con el pueblo, sin descansar, sin horarios, sin silencios, en todos los lugares, lejanos y cercanos.  

Fueron tiempos en los que la corrupción penetró los partidos políticos y los envileció, incluido su propio partido, además se extendió por las entrañas del Estado del que él hacía parte. A él no lo tocó la corrupción, Serpa era honrado.

Las ideas políticas y las luchas sociales que tocaron su corazón y su convicción, lo llevaron por caminos democráticos a escenarios de poder sobre los que cayeron al mismo tiempo fuerzas criminales y los convirtieron en infiernos de corrupción y violencia. A Serpa no lo quemaron ni le quebraron el espíritu, porque sus motivaciones solo estaban puestas en el pueblo que sufría pobreza y violencia.

Fueron tiempos de construcción de paz y de Estado. De diálogos con los violentos, diálogos también con fuerzas retrógradas de la sociedad y de la política para crear en la conversación, en la discusión, escenarios a la palabra, a la razón, a los acuerdos, al derecho, a la civilidad. Serpa estuvo metido en el centro de esos procesos que quedan para la historia, la Constitución del 91 el más extraordinario. Su papel como presidente de ese acontecimiento, al lado de Álvaro Gómez Hurtado y Antonio Navarro Wolff, fue extraordinario, histórico.

Quienes hagan trabajo político encontrarán en la vida de Serpa el ejemplo del luchador que no descansa, que no se rinde, inspirado en el estímulo y la fuerza del pueblo, del que hacía parte y al que nunca le falló. Serpa era pueblo, pueblo colombiano, era igual a las gentes del campo, a las gentes que caminan por las calles, comunes y corrientes, a las gentes con méritos.

La diferencia con los demás estaba en la fuerza de sus convicciones, en su energía descomunal, su capacidad de lucha, de análisis, su intuición, su pragmatismo, su consagración en el cumplimiento del deber, su disciplina, su austeridad, su humildad, su carácter, su tenacidad, su discreción, su respeto por los demás, su decencia. Serpa nunca agravió a nadie. Con todo y eso, su bravura, sus condiciones de líder. Nada lo arredró, ni siquiera la soledad. Estuve a su lado en tiempos de soledad, del desierto de la política que sobrellevó con grandeza, nunca se quejó.

Unas líneas a la dignidad de su familia, a imagen y semejanza de él, extraordinaria, unida a su alrededor por el amor filial más profundo. Rosita Moncada su compañera, luminosa, Horacio José, Sandra y Rosita sus hijos, además sus nietos. El cuadro del decoro y del orgullo, no solo suyo, de Horacio, sino de esta nación que tiene en ellos referencia de la familia ejemplar.

Iván Marulanda, Senador de la República, Partido Alianza Verde.

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