Una historia inmortal al lado de Galán y Rodrigo Lara

Los tres nacimos en medio de la violencia liberal conservadora, esa orgía de barbarie y terror que encharcó de sangre el país desde finales de los cuarenta hasta comienzos de los sesenta y que fue gota de veneno en el bautizo de nuestra generación.
Como jóvenes demócratas, Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, yo y muchos más sentimos el fuego de la inconformidad con el atraso social y la indignación con la política tramposa y abusiva que se ejercía desde los poderes partidistas. Entonces nos embarcamos en las corrientes progresistas del liberalismo y más adelante, a mediados de la década de los 70, los tres nos encontramos con Carlos Lleras en el Movimiento de Democratización Liberal que el expresidente fundó y lideró. Allí nos conocimos e iniciamos nuestro viaje.
En 1978 nos derrotaron Julio César Turbay y el presidente López, amangualados para sacar a Lleras Restrepo del juego del poder. Indignados con la corrupción y el clientelismo que se adueñaron de la política, y con la consecuente precariedad social y el estancamiento de la democracia, nos declaramos en oposición a Turbay Ayala en 1978 y con el paso del tiempo, cuando se fueron conociendo sus actos de gobierno, con más veras. Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara llevaban nuestra voz en el Senado en defensa de los derechos humanos y combatían contra las formas de gobierno clientelista, esas que al fin desembocan en corrupción.
Galán escribía en El Tiempo su columna semanal que inspiraba a nuestra generación, conectada con la política, pero desconectada de los partidos tradicionales. Lara le daba duro al gobierno y a la maquinaria liberal. Organizamos conferencias de ellos por el país y actos públicos en los que los temas eran la paz y los derechos humanos, y la pérdida de contenidos de la política, la degradación del partido liberal y de la democracia.
En 1980 nos concentramos en la presentación de las primeras listas del Nuevo Liberalismo al Concejo de Bogotá con Luis Carlos a la cabeza y el triunfo fue avasallador. En Medellín nos jugamos con el movimiento liberal que creó Hernando Agudelo y… derrota total.
Después de esas elecciones decidimos extendernos por toda Colombia. Nos reunimos Galán, Lara y yo con la vieja guardia “liberal progresista”. Nos propusieron organizar un movimiento nacional. Les dijimos no. A la salida, Luis Carlos nos dijo: “sigamos adelante con lo nuestro” ¡y arrancamos!
En aquella década de los 80 sembramos a lo largo y ancho del país esperanzas de cambio. Convocamos a la juventud y a los colombianos que no creían en la política. Fuimos a todas las elecciones y a todos los escenarios de la democracia. Formamos a miles de mujeres y de hombres en el desempeño de responsabilidades públicas. Crecimos como espuma.
A poco andar, en 1982, quisieron infiltrarse narcotraficantes en el movimiento. Los rechazamos de frente y quedaron odiándonos. Les notificamos ante el país que impediríamos la influencia de sus conductas y su poder criminal en la política y la sociedad, lo mismo que la impunidad de sus delitos. Se aliaron con otros políticos. En 1984, esa alianza macabra asesinó a Lara siendo ministro de justicia y luego a Galán en 1989, candidato imbatible a la presidencia. En ese lapso asesinaron, hirieron y trataron de eliminar a otros de nosotros.
Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara fueron los colombianos más brillantes y valientes de la generación de los 60 y los líderes más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Íbamos a transformar a Colombia, pero nos exterminaron políticos corruptos aliados con la mafia. Con la última ráfaga de ametralladora en la plaza de Soacha, sepultaron al Nuevo Liberalismo… queda su historia que inspira y que renace… ¡que es inmortal!… ¡Galán vive!