La economía en la constitución del 91

Foro 20 años de la constitución politica Universidad Libre Pereira Iván Marulanda

foto toma de la Universidad Libre

LA ECONOMÍA EN LA CONSTITUCIÓN DEL 91

UNIVERSIDAD LIBRE DE PEREIRA

Por: Iván Marulanda

Constituyente

Pereira 2011-09-30

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, fue semanas atrás hasta el Parque del Retiro en Madrid a dirigir estas palabras a jóvenes del 15M, el movimiento de “Los Indignados” que reclama cambios profundos en el sistema político español y abre caminos a la encrucijada de estos tiempos:

“La crisis económica ha mostrado los problemas actuales del capitalismo con unos mercados sin regular. La experiencia de las últimas décadas demuestra que hay una necesidad de que los gobiernos jueguen un importante papel en regular los mercados. Veo aquí una energía reconfortante, espero que la uséis en forma constructiva. No se pueden reemplazar las malas ideas por la ausencia de ideas sino que hay que cambiarlas por buenas ideas. Lograr que se integren en el debate público requiere organización y liderazgo. Va a ser una lucha difícil porque esas malas ideas están asentadas en el discurso económico dominante pero ahora tenemos una gran oportunidad para unir la ciencia económica con el compromiso y la justicia social y lograr así una nueva economía. Os deseo la mejor suerte.”

(Parque del Retiro, Madrid, 25 de julio de 2011).

En Colombia hay elecciones presidenciales cada cuatro años pero la política económica no cambia, es la misma. El debate público y la competencia electoral no se refieren al papel del Estado en la economía sino a otras cosas. El tema lo ventilan pocos analistas de prensa, cada vez menos y con menos frecuencia.

No voy a meterme en disquisiciones políticas e históricas para intentar explicar este fenómeno que por lo demás es interesante, porque fui invitado a hablarles sobre la Constitución del 91. Me limito a decir que la política económica colombiana está en “piloto automático” desde hace más de 20 años, montada en la matriz ultraconservadora que proscribió la intervención del Estado en los mercados,  doctrina que se regó por el mundo desde comienzos de la década de los ochenta y tiene a la economía planetaria al borde del abismo.

No resisto la tentación de afirmar algo con pena de demócrata. La discusión ideológica, la elaboración intelectual y la crítica sobre el proceso económico colombiano, se desvanecieron a lo largo de estos años y llegamos sin patalear a ser la sociedad más desigual del hemisferio. Hemos visto destruir sectores productivos y centenares de miles de empleos decentes sin chistar por cuenta de políticas públicas “neoliberales” dictadas sin compasión y con arrogancia. El que alzó la voz fue descalificado e increpado por “ignorante y anticuado”. Son de esos huecos negros en los que caen los pueblos cuando se les reducen los espacios democráticos, que en este caso los colombianos libres debemos iluminar si queremos salir del extravío y regresar a la idea del progreso con justicia social.

Vamos al asunto de esas políticas “neoliberales”. El sistema es simple. El Estado tiene funciones mínimas y entrega a las empresas privadas y a los particulares el papel de impulsar a su aire el desarrollo económico y social en la idea de que el libre juego de oferta y demanda hacen mercados inteligentes y dinámicos que asignan los recursos con eficiencia y generan el mayor crecimiento posible. Se supone que ese crecimiento distribuye en el camino ingresos y oportunidades en la medida que las personas y los actores económicos sean más despiertos, creativos y laboriosos. La idea la vendieron reforzada con el prejuicio de que el Estado es en sí mismo corrupto, estorboso y mal administrador.

Ha sido tal el frenesí de la vida humana y la evolución de las culturas, la ciencia y la tecnología, y de los negocios, que los mercados se desbocaron y no ha sido posible frenarlos para observar con cabeza fría hacia dónde va esta carrera loca de los países y del mundo y hacia dónde arrastra a los pueblos, y para dar respiro a la inteligencia de tal suerte que vuelva a tener control sobre los acontecimientos y defina con su propia razón y su voluntad las condiciones en las que deseamos vivir.

Es tan alucinante lo que acontece, que los países más ricos del planeta cayeron hace escasos tres años en el caos y la bancarrota de donde no han podido salir. Hoy no se sabe cuál es el futuro de sociedades que fueron opulentas en América, Europa y Asia durante décadas después de la Segunda Guerra Mundial y llegaron a disfrutar condiciones de confort nunca imaginadas por la especie humana en milenios de historia.

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