¿Qué tanto se han honrado en Colombia los derechos civiles económicos sociales y culturales consagrados en la Constitución?

mayo 26, 2011 en Discursos

 

Simposio una carta política para reinventar la democracia Universidad de Antioquia con la presencia de Iván Marulanda

foto tomada de santiagolondonouribe.org

LA CARTA POLÍTICA PARA REINVENTAR LA DEMOCRACIA
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COLOMBIA 20 AÑOS
UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA UNIVERSIDAD NACIONAL UNIVERSIDAD EAFIT
ALCALDÍA DE MEDELLÍN CONCEJO DE MEDELLÍN

“¿QUÉ TANTO SE HAN HONRADO EN COLOMBIA LOS DERECHOS CIVILES ECONÓMICOS,
SOCIALES Y CULTURALES CONSAGRADOS EN LA CONSTITUCIÓN?”

INTERVENCIÓN DE IVÁN MARULANDA

Medellín 2011-05-26

La historia de la humanidad son muchas historias y la que las compendia a todas y por lo mismo la más antigua es la historia de las civilizaciones. Se refiere al relato del empeño milenario del hombre y la mujer en entender su razón de ser y su misión en este mundo y extender su existencia el mayor tiempo posible en la ilusión de la felicidad tal y como la conciben en cada época y en cada circunstancia y en armonía con el resto del universo.

Son dos convivencias superpuestas, los seres humanos entre sí y los seres humanos con el planeta y el espacio sideral.

No fue fácil para la humanidad llegar a esta abstracción y ponerla como referente de sus designios. Durante milenios los géneros se concebían aparte los unos de los otros, los sexos las etnias los orígenes geográficos las castas las sectas los oficios. Todavía es así, pero ahora esas especificidades se contrastan desde la visión de la igualdad en la diferencia, todos somos seres humanos aunque diferentes. También durante milenios los humanos se consideraron el centro del universo y asumieron que los cielos y la tierra estaban a sus pies. No ha cambiado mucho para multitudes, pero ese ya no es el patrón de pensamiento que rige el curso político de la humanidad globalizada.

Hay quienes se preguntan si no llegó tarde la idea de que todos nacemos iguales y la idea de que la relación en la naturaleza debe respetar equilibrios y que somos otro ser más del infinito compendio del planeta. Los desastres ambientales de los últimos tiempos dejan mucho qué pensar. Esperemos que no sea tarde, lo cierto es que esas convicciones de igualdad de todos bajo el mismo rasero de seres humanos y el reconocimiento de que hacemos parte del vasto y complejo concierto de la naturaleza, en el seno de la cual debemos ser armónicos y amigables con el conjunto si no queremos perecer, ya están sembradas para siempre en las conciencias de la mayor parte de hombres y mujeres que ejercen liderazgo en las comunidades y en las instituciones del mundo.

Amigas y amigos. El resumen del esfuerzo milenario de las civilizaciones son los derechos humanos compendiados en la Declaración Universal de 1948 suscrita en el seno de las Naciones Unidas y las demás cartas de derechos de segunda y tercera generación que se derivan de ella. Piensen que desde el momento de esa firma hacia atrás, hasta los tiempos más remotos del origen de la especie, sucedieron infinidad de ensayos de formas de ser y de prevalecer acompañados de sufrimientos de frustraciones de catástrofes de horrores para los pueblos y para los hombres.

Los derechos humanos se esclarecieron en la inteligencia de la humanidad después de la experiencia de milenios en los teatros de las guerras y las calamidades y luego de probar los amargos escenarios del sometimiento la explotación la humillación la infelicidad y el desperdicio. Los derechos humanos se fueron construyendo de hito en hito desde las civilizaciones de la antigüedad, pasando por las declaraciones revolucionarias del siglo XVIII y por las constituciones nacionales del siglo XIX hasta llegar a la resaca de la Segunda Guerra Mundial cuando nacieron las Naciones Unidas y se escribieron y suscribieron en la Declaración Universal que conocemos y que es desde entonces el referente ético y la fuente de la legalidad internacional. Su significado es que los poderes políticos de las naciones a partir de allí y para siempre, dijeron… así nos entendemos como personas y como pueblos y sobre la base de ese entendimiento nos relacionamos unos con otros si queremos convivir y porque queremos convivir.

La cuestión que importa desde la escritura y la firma de la Declaración Universal de Derechos Humanos para acá es ¿cómo se ponen en práctica? ¿Cómo se vuelven verdad en el pellejo de cada individuo día a día en cada instante de su existencia? El asunto tiene enorme complejidad… tanta que lo cierto es que vivimos en estado de barbarie y en riesgo inminente de catástrofes, guerras y violencias… para ver el panorama de las conflagraciones y las violencias atroces basta mirar hacia Oriente Medio y el Magreb, basta mirar hacia México, basta vernos a nosotros mismos en Colombia… para ver el panorama de las calamidades basta mirar hacia los tornados, los huracanes y las inundaciones en EU, lo terremotos y los tsunamis en Chile Japón y el sudeste asiático, los veranos y los inviernos en Europa, las erupciones volcánicas en Islandia en el Pacífico Sur y en nuestros propios páramos y de nuevo, basta observar las inundaciones de Colombia.

Señoras y señores, jóvenes… la cuestión es simple… tenemos en las distintas generaciones de derechos humanos la fórmula de la felicidad de los pueblos hasta donde al parecer es concebible la felicidad en este mundo, pero no tenemos la manera de aplicarla con el detalle y la sofisticación que se requiere… el reto de enriquecer las culturas y formar hábitos civilizados en la masa humana es monumental… les recuerdo, estamos hablando de más de seis mil millones de individuos que poblamos el planeta en infinidad de comunidades, de culturas, de historias, de poderes y estamos hablando de multiplicidad de ecosistemas… Piensen nada más que a cada niño que nace hay que domesticarlo en ese compendio ético ideal y refinado de la civilización… hay que dotar su conciencia y su inteligencia y sus hábitos en la convicción de los derechos individuales para que en la medida que vaya creciendo, no sea la reedición del bárbaro, del depredador… Cada niño cada niña dejado al libre albedrío sin esos referentes éticos podría ser cualquier ejemplar espantoso y salvaje de los que han inundado de destrucción este mundo. Y luego piensen Ustedes que a cada nación a cada región a cada comunidad a cada tribu hay que inducirla a dotarse de organizaciones y contenidos y valores y paradigmas que se manifiesten en sus costumbres y en sus legislaciones, inspirados en los derechos económicos sociales y culturales, derechos humanos de segunda generación que garanticen a los individuos sociedades en las que puedan ser personas cabales en la plenitud de sus derechos individuales, para que se entiendan con los demás que viven con ellos o con otros que están organizados a sus maneras más allá de sus límites vitales y jurídicos. Organizaciones que sean capaces de responder porque las personas tengan oportunidades de desarrollarse en la plenitud de su condición y su dignidad humanas.

Ya ven la ingente responsabilidad que implica estar vivo y procrear y el enorme desafío que impone a los individuos y a las comunidades humanas el sueño y el derecho de ser felices.

Bueno… dejo esta elaboración del intelecto ahí para seguir con lo más nuestro y más de la agenda del día, pero les recomiendo no abandonen el asunto… esa reflexión no solo es apasionante sino importante…

Los derechos civiles y políticos llamados derechos humanos de primera generación y los derechos económicos sociales y culturales llamados derechos humanos de segunda generación, están claros y están ahí servidos en la mesa de quienes habitamos este planeta. Unos países los tienen en sus Constituciones como Colombia, otros en su derecho consuetudinario, otros los incorporan en sus instituciones con la firma de Tratados Internacionales. No importa cómo, pero todos los pueblos del planeta los tienen escritos y asumidos de una u otra manera y su comprensión y explicación y la implementación de esos derechos está expuesta y explicada en infinidad de ideas interpretaciones matices formas y experimentaciones, en el vasto cúmulo de información dispuesta al público en archivos, bibliotecas y en los medios electrónicos de los que se sirve en mayor o menor medida la humanidad entera cuando quiera y como quiera.

Otro cuento es que la realidad de esos derechos no llega a miles de millones de personas en el mundo. Ni los países más ricos ni los más antiguos ni los más civilizados ni los más populosos ni los más pequeños y manejables, pueden decir que llegaron a la civilización tal y como la conciben los compendios de derechos humanos. Mucho menos los pueblos poblados de miserias. Unos pocos –en realidad mínimos- están bien avanzados para su fortuna y para ejemplo y envidia. Pero el panorama es malo por casi todos los lados. Miremos casos al vuelo.

Panorámica sobre los EU: Invasión a Irak; Guantánamo; apresamientos ilegales y movimientos clandestinos de prisioneros por el mundo; torturas para obtener confesiones; la muerte sumaria de Bin Laden que abrió polémica internacional; la ley de inmigrantes de Arizona que parece expandirse; el racismo en distintos Estados.

Panorámica sobre China: Tiananmen; prisión y confinamiento del Nobel de Paz y numerosos luchadores por las libertades; trabajo esclavo; control a Internet; límites al movimiento de personas; límite a la elección de las parejas sobre la familia; escasez de libertades; no hay elecciones.

Panorámica sobre Italia y otros países de Europa: trato inhumano a refugiados e inmigrantes; trata de personas; servidumbre y tráfico de seres humanos en la forma de explotación sexual.

En América Latina hay situaciones deplorables:

Cuba está cercada para las libertades y confina y fusila personas sin juicios garantistas ni derecho de defensa; no se admite la expresión cabal de la democracia con respeto a la oposición y con la admisión de partidos políticos.

En países como Honduras, Nicaragua, Venezuela, Bolivia las elecciones y las garantías a la oposición no son transparentes.

El cuadro colombiano es por desgracia de los peores. Los grupos armados de derecha e izquierda y las organizaciones mafiosas condenan la vida de las personas y las comunidades de este país al terror, como en los peores tiempos del hombre en los lugares más sufridos de la tierra. El fraude electoral y la compra y manipulación de los electores vician el poder y la legitimidad de las instituciones. El Estado hace lo suyo en este ambiente predatorio de la dignidad y el derecho humano: espionaje telefónico ilegal -las llamadas “chuzadas”-; homicidios en personas protegidas e indefensas por miembros de la fuerza pública -los llamados “falsos positivos”-; la burla a la Constitución por parte de fuerzas mayoritarias -la “yidispolítica”-.

En ese contexto de descomposición, el desprecio por la vida y la dignidad humanas, los desplazamientos, el hambre y la pobreza extrema, la falta de oportunidades sociales, la explotación de poblaciones marginales, la expoliación del patrimonio público, la esclavitud de niños involucrados en los conflictos, las torturas, el hacinamiento y la descomposición de las cárceles y en fin, la violación de amplio espectro de los derechos humanos y la inseguridad social e individual son estremecedoras. La trata de personas y el reciente capítulo que se ha desvelado del mercado de virginidades en grandes ciudades colombianas, estremecen, angustian y desafían la conciencia civilizadora de esta nación.

Pero amigas y amigos, así como la crisis humanitaria del mundo no puede servir de pretexto para decir que la Declaración Universal de Derechos Humanos fracasó, el desastre humanitario colombiano no es culpa de la Constitución que apenas cumple 20 años… Nuestra Carta está escrita y concebida en la más profunda convicción democrática y civilizadora, como referente ético y como instrumento de derecho… fallamos los hombres y las mujeres que somos los responsables de los comportamientos individuales y del comportamiento de la sociedad, así como de la conformación y el desempeño de las instituciones… digamos con franqueza… somos así porque queremos ser así… no hacemos esfuerzos para ser diferentes… es algo deplorable y duro, pero cierto… A los políticos no les interesa sino ganar las elecciones y administrar el poder para ganar las elecciones que vienen, sin visiones coherentes, comprometidas y sostenidas en el largo plazo, referidas al devenir de la sociedad y de la nación, a su progreso y a su bienestar… y del otro lado, los ciudadanos son reacios a votar por otros políticos… votan por los mismos, para lo mismo… qué le vamos a hacer… algún día cambiaremos, eso espero… ese día, bajo la inspiración de los principios fundamentales de la Constitución del 91 que es democrática, moderna y humanista, construiremos el país que merecemos.

Muchas gracias.