La política sin Galán

septiembre 20, 2009 en Blog

Con frecuencia encuentro personas que me preguntan cómo sería Colombia si no hubieran asesinado a Galán. Él y sus compañeros cambiamos a muchos sus expectativas de vida, les sembramos la esperanza de una existencia digna y un mundo mejor.

A Galán no lo asesinaron porque fuera impotente, anodino, común y corriente, y porque iba a dejar las cosas como estaban. Lo mataron, porque su carrera hacia el poder era imparable y con el poder en sus manos, las cosas no seguirían siendo iguales.

Lo que sobrevino después de muerto Galán no tuvo nada qué ver ni con sus ideales, ni con sus desafíos, ni con su proyecto de nación, ni su inspiración. Con el paso del tiempo, Colombia se degradó y alejó de los valores que él encarnaba. Si viviera, su lucha sería hoy más difícil. Su carácter parecería aún menos funcional que ayer a la lógica del poder y a los estándares éticos de la sociedad.

La historia enseña que en Colombia el cambio está prohibido. Sólo se toleran gobernantes dispuestos a dejar las cosas del poder como las encuentran, o a mejorarlas, siempre y cuando sea en beneficio de quienes detentan el poder. El que traiga intenciones de cambio en beneficio de la democracia, es considerado peligroso y recibe desde garrote, hasta plomo.

El poder en este país se acumula cada vez más en grupos al margen de la ley, que lo conquistan y defienden a sangre y fuego. Sus causas las volvieron políticas, porque es en la política donde se juegan su suerte. Allí consolidan sus fortunas y sus privilegios, o los pierden. Se decide el castigo o la impunidad. Y en la política está el jugoso botín del erario.

En la misma línea de la lucha que emprendí con Galán, continúo sin descanso haciendo esfuerzos enormes para que la política y en particular el liberalismo no sigan siendo la empresa lucrativa que es hoy, puesta al servicio de personajes que para nada son servidores públicos, sino burócratas y negociantes a los que no les interesa el bien común, sino sus bolsillos y sus privilegios. No dejo de sorprenderme de la pobreza de las comunidades colombianas, no obstante las enormes cantidades de dinero que salen de las arcas, municipales, departamentales y nacional.

Esos dineros públicos, fruto de los impuestos que pagamos los colombianos, en gran medida se los roban, mientras el país se hunde en la violencia, fruto de la miseria y la desesperación. Pueda ser que algún día los electores entiendan la trascendencia de esta lucha y no la dejen hundir por siempre en la frustración. A Galán sólo vinieron a apoyarlo y a comprenderlo, cuando estaba muerto.