Historia política breve

Agosto 6, 2009 en Blog, La Tarde

Fui el primer alcalde de Pereira, mi ciudad natal, en el gobierno de López Michelsen -1974- y más tarde pasé a ser Secretario General del Ministerio de Desarrollo Económico. Había acompañado con los jóvenes de mi generación a López –“El Pollo”- en su campaña presidencial en Risaralda, mi departamento. Compartimos innumerables ocasiones con él. Su liderazgo fue imaginativo, fresco, lúcido, rebelde, liberal en todo el sentido de la expresión. Nos llenó de esperanzas y entusiasmo a los jóvenes y a todos los colombianos. La respuesta popular en las urnas fue impresionante, obtuvo la mayor votación de la historia.

Pero resulta que Lleras Restrepo, que quería reelegirse y había perdido con López la candidatura presidencial en la Convención del Partido el año anterior (1973), no pudo asimilar la derrota. Siguió pensando después de todo que el turno le pertenecía por esa extraña soberbia que transmite la condición de expresidente y que no les deja ver siempre con objetividad la realidad. La verdad es que no dejó respiro a la administración de López, la criticó con persistencia y hasta con crueldad, atrincherado en su enorme prestigio y desplegando sus condiciones de estadista profundo y avezado.

Lleras fue en mi parecer el presidente más completo, como hombre de Estado, que tuvo Colombia en el siglo pasado. Pensaba que de esa manera, quebrantando la credibilidad del gobierno López, sacándole el aire, se abriría camino hacia su anhelada reelección en 1978. El resultado no pudo ser más desastroso. Ni dejó gobernar a López, ni López lo dejó reelegirse. Mientras el uno le e echaba puyas al otro, a su vez las recibía de vuelta, con creces. El desastre fue total.

También estuve cerca de Lleras en la época del Consenso de San Carlos, el procedimiento convenido para escoger candidato liberal a la presidencia en el 78, que ganó de lejos Turbay Ayala, luego elegido presidente. Viví en la entraña de los acontecimientos y por lo mismo, fui testigo del derrumbe del gigante. Lleras cayó desolado. Un golpe innecesario para el liberalismo.

El balance no podía ser más desastroso para el partido. Dos figuras extraordinarias, Lleras Restrepo y López Michelsen, que hubieran podido traer a Colombia y al liberalismo más glorias de las que le dieron, terminaron lastrándose mutuamente, enredados en las pasiones de la reelección.

Porque las cosas no pararon allí. Después, en 1981, cuando compartían la Dirección Nacional Liberal con otro grande, el expresidente Alberto Lleras, a López también se le subió el sarpullido de la reelección y la cúpula de liberales históricos, voló en pedazos. El partido se dividió de nuevo.

El caos sembrado por los mayores, generó indignación entre buena parte de las nuevas generaciones de liberales. Abrimos un boquete entre la anarquía y la desesperanza para fundar el Nuevo Liberalismo, la disidencia del partido en la que se materializó la división entre los jefes, nacida como he dicho, de los vientos encontrados de las ambiciones reeleccionistas. Encabecé con Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara la rebeldía en el país.