El cambio de Presidente

agosto 10, 2009 en Blog, La Tarde

Está bien, no admitiremos que otros presidentes le falten al respeto al primer mandatario colombiano ni haremos nada que debilite la posición del país en el panorama internacional. En la defensa de nuestras fronteras y de los intereses de la nación estamos fuertes y unidos los colombianos.

Pero de allí al extremo de afirmar que sean los presidentes de Venezuela y Ecuador quienes nos impongan con insultos y desplantes al próximo Jefe de Estado en Colombia, es inaceptable.

El presidente de los colombianos debe ser quien mejor corresponda a las necesidades de estos tiempos y no el gallo fino que surja de la gallera en la que tienen convertido el vecindario. Porque se oye decir que vamos para el tercer período de gobierno de Uribe, dizque porque no les vamos a dar gusto a Chávez y a Correa de cambiarlo en plena pelea.

En Colombia elegiremos otro presidente porque el período del actual se vence el próximo año. Así de sencillo. El nuestro es un país de instituciones que cambian de manos cada cierto tiempo, pero que permanecen estables. Un Estado democrático, por lo mismo no personificado, ni escriturado a dictadores o a monarcas.

Entre otras cosas, algo que se pone de presente para los colombianos, es que debemos volver cuanto antes a las tradiciones diplomáticas que cultivamos a lo largo de la historia republicana. Colombia no fue un país litigioso ni conflictivo en el panorama internacional. Se caracterizó por su ecuanimidad, su discreción, su respeto a los protocolos de la diplomacia y a lo que es fundamental, el respeto al derecho y a los tratados internacionales.

Estamos metidos en líos con los vecinos, en medio de tensiones internacionales que desconocíamos y que enrarecen aún más el ambiente del país, complicado en lo político y traumatizado por la situación de pobreza, desempleo y violencia en que se desenvuelve la vida nacional. Ahora se agrega a ese cuadro de complicaciones esta pelea que viene seguida de cierres de fronteras, cancelación de pedidos comerciales y de pagos de cuentas pendientes. Esto no es considerado con pueblos hermanos que se necesitan y que solo se conciben armónicos y solidarios.

A lado y lado de las fronteras hay centenares de miles de familias que viven del comercio entre estas tres naciones. Miles de personas circulan día a día de aquí para allá y de allá para acá, llevan y traen mercancías, hacen negocios, construyen sus familias y su modus vivendi. Ese tejido que se viene urdiendo a lo largo de siglos, no se puede obstruir por las pataletas de presidentes temperamentales y dados al espectáculo.

La diplomacia no se hace por los altavoces de la televisión y la radio, como la practican Chávez, Correa y Uribe. Se hace por los canales discretos de la diplomacia y en los escenarios propios de las relaciones internacionales, multilaterales y bilaterales. Además, dentro del marco del derecho y las sanas costumbres del diálogo y el respeto mutuo. Se teje entre diplomáticos y estadistas, no entre generales en traje de fatiga y picapleitos de barriada.

Los colombianos debemos restaurar los hilos y los canales que nos unen a los pueblos hermanos de Venezuela y Ecuador, para mitigar el sufrimiento de miles de compatriotas afectados por la alteración de las relaciones y sacar provecho de la convivencia. Para esto, las elecciones presidenciales de 2010 son una oportunidad.