República Bananera

Los intentos de la segunda reelección presidencial parecen definitivamente fallidos. De esa aventura quedarán frustraciones para los promotores y varios procesos penales que los tendrán durante años en los tribunales de justicia y a no pocos de ellos en la cárcel.

Lo que está saliendo a la luz pública en las investigaciones de la Corte Suprema de Justicia sobre el proceso que se sigue por cohecho a varios congresistas y funcionarios públicos es obsceno. Ni siquiera con la prisión podrán resarcir el daño que le hicieron a la democracia y a la credibilidad de las instituciones colombianas.

Estos personajes nefastos lograron cambiar la Constitución Nacional para favorecer los intereses personales del Presidente de la República y sus propios intereses. Prolongaron por cuatro años sus permanencias en los cargos públicos, lo que significa e implica para personajes tan obscuros, no tanto que conservaron bajo su dominio el manejo de los asuntos de Estado y del destino de los colombianos, que eso poco les interesa, como el manejo de los dineros públicos, los contratos y la burocracia. Detrás de eso se fueron con todo en contra del código penal y de los intereses de la nación. Caro les va a costar.

En las declaraciones ante la Corte Suprema de Justicia del señor Cuello Baute, ex Superintendente de Notariado y Registro, las cuales escuché de forma fragmentaria en la radio, relata cosas tan graves y espeluznantes, que no se me haría extraño que el alto Tribunal se vea obligado a cursar copias del expediente a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, para que abra también investigación al propio Presidente de la República.

Los acontecimientos de Honduras, que son desde ridículos hasta vergonzosos, como que muestran el atraso político de ese país, vista la oscuridad de la trama colombiana, palidecen. Lo que se hizo acá para conseguir la primera reelección de Uribe y lo que se ha hecho para buscar la segunda, es grotesco y criminal. Colocan a Colombia como otra república bananera en manos de una gavilla de mafiosos, asaltantes de la confianza de los ciudadanos y del patrimonio público.

Pueda ser que este capítulo de incertidumbre sobre la posible segunda reelección del primer mandatario se cierre en pocos días como parece, para que el país sepa con absoluta certeza y de una vez por todas, que el señor Uribe no estará en el tarjetón en las elecciones presidenciales de 2010. Así podrá fluir el debate político sin las interferencias, la turbidez y los desequilibrios que esta confusión implica.

Pero eso sí, que la justicia siga su camino hasta esclarecer las tortuosas maniobras que se hicieron para dejar en la burocracia a personas que debieran haber salido de sus puestos desde hace cuatro años y que quizás están mejor entre rejas.