Debate en El Espectador – “La Constitución, ¿eje de campaña?”
julio 8, 2009 en En los medios
El Espectador, Julio 8 de 2009
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julio 8, 2009 en Blog
¡Cómo le hacen de falta al liberalismo el carácter, la inteligencia y las convicciones políticas de Rodrigo Lara Bonilla! ¡Cómo le hacen de falta a Colombia!
Las realidades colombianas son desafiantes para las conciencias libres y solidarias. Los sufrimientos de millones de compatriotas no tienen nombre, mientras el escenario de la política está dominado por burócratas y vividores que conciben el poder como el más rentable y delicioso pasatiempo.
El liberalismo no despierta de la embriaguez que le produjeron largos años de poder desperdiciados en repartirse prebendas y montar maquinarias políticas clientelistas para exprimir al Estado, no obstante que crecían en sus narices la violencia y la miseria. Y más que eso, hasta las prohijaban con intención o por negligencia. Muchos liberales sienten nostalgia de esos tiempos de vagancia y corrupción.
Pero no fueron solo liberales. El narcotráfico y su terrible evolución en la vida colombiana florecieron por la inmoralidad y la incompetencia de los dirigentes políticos colombianos, liberales y conservadores. Desde finales de los setentas y comienzos de los ochentas, hasta nuestros días, candidatos a cargos encumbrados del Estado, empezando por la presidencia de la república, se plegaron a los poderes de la mafia para conquistar sus victorias. Varios han llegado al solio de Bolívar. Lo han manchado y deshonrado, mientras por su culpa el destino de esta nación se hunde en la tragedia.
Desde Belisario Betancur hasta Alvaro Uribe, los demonios del narcotráfico rondan los círculos de poder en Colombia. Financian campañas políticas y apoyan a sangre y fuego candidatos presidenciales, al Congreso y a todo tipo de elecciones populares. Tanta fue la obstinación del narcotráfico, tanta la inmoralidad y la ambición de los políticos, que al fin de cuentas las mafias lograron entronizarse en el poder. Asolaron a sangre y fuego campos, ciudades. Aterrorizaron a la población, sembraron de fosas comunes el suelo de Colombia. Desplazaron y arrebataron. Compraron conciencias débiles, deleznables. Hicieron fraude en las urnas. Todo, para dejar este deshonroso destino de ver desfilar sin cesar a decenas de congresistas y altos funcionarios hacia las cárceles para responder por delitos de concierto para delinquir y de lesa humanidad. Además de vivir este ambiente de corrupción y terror en el que zozobra el país.
Si la vida de Rodrigo Lara Bonilla no hubiese sido segada por políticos corruptos y sicarios de la mafia hace veinticinco años, Colombia sería otra, más desarrollada y civilizada. Más justa. Más encomiable ante la historia y ante el concierto internacional por su respeto a los derechos humanos, al trabajo honrado y a la vida decente, afincada en la justicia social.
Gloria a mi compañero de luchas Rodrigo Lara Bonilla. Y que la vida nos dé el coraje y la oportunidad de seguir el ejemplo de su entereza y de su ética, únicos caminos para la redención de Colombia.
julio 6, 2009 en Blog
Ha pasado un año de la expedición punitiva del gobierno colombiano en territorio ecuatoriano para matar a Raúl Reyes. Es verdad, Colombia está mejor sin este individuo vivo. Pero eso no obsta para que examinemos con cabeza fría el acontecimiento.
Tal vez la mejor manera de ver las cosas sea preguntarse, a quién le gustaría en Colombia que amaneciéramos cualquier día con la noticia de que Chávez bombardeó la Guajira para exterminar a enemigos del Estado venezolano. Qué sentiríamos si mañana nos dicen que el señor Correa se metió al Putumayo, bombardeó, dejó muertos tirados y se fue. Qué sentiríamos si amanecemos con la noticia de que “marines” americanos vinieron en helicópteros, como lo hicieron en Panamá en 1989, bombardearon a Bogotá, mataron, y se llevaron políticos, bandidos, lo que sea, muertos, vivos, para exhibirlos en las morgues y guardarlos en las cárceles de los Estados Unidos.
En escala más doméstica. Qué sentiríamos si nos despierta al amanecer el alboroto de un vecino que se metió por el entejado a nuestra casa, para perseguir una rata que salió de la suya, destruyendo lo que encuentra adentro de nuestro propio hogar.
Tenemos ejemplos recientes en el mundo, que sirven de referente para comprender la situación. El llamado “ataque preventivo” a Irak. Tratadistas del derecho internacional, politólogos, políticos, militares, historiadores, expertos en seguridad, han escrito libros al respecto. No conozco uno sólo que haya defendido la incursión de los Estados Unidos a Irak. Por el contrario, la condenan con argumentos poderosos que sacan de los tratados que rigen la convivencia en el planeta y de la propia experiencia de la humanidad a lo largo de milenios atravesados por guerras.
La invasión a Irak fue una barbaridad que los Estados Unidos están pagando con muertos, con millones de millones de dólares, con desprestigio y pérdida de confianza internacionales, con repudio ante la historia. Y con el odio perenne de pueblos árabes que nunca olvidarán, nunca perdonarán y nunca dejarán de vengarse.
Si Usted pregunta a trabajadores que han perdido sus empleos en Colombia por el cierre del mercado ecuatoriano, o empresarios que dejaron de vender sus productos a Ecuador después del incidente de soberanía, tendrá mejor perspectiva del asunto. Si Usted pregunta a familiares de colombianos que han sido linchados en Ecuador desde entonces, o de compatriotas que han sido echados y humillados al otro lado de la frontera, verá las cosas de manera más correcta. Las pasiones, las emociones que llevaron a que se desencadenaran estos hechos, son malas consejeras y de poco ayudan a la comprensión de las cosas.
Pueda ser que algún día los colombianos seamos capaces de recuperar el respeto, la consideración y el cariño del pueblo ecuatoriano. Nuestros hermanos deben entender que lo que ocurrió, no lo compartimos todos en esta nación.
julio 5, 2009 en Blog
Honduras está metida en tremendo lío. Sacaron a tiros de la cama al Presidente del país, lo llevaron empijamado en avión y lo dejaron tirado en el aeropuerto de San José de Costa Rica, como hacen en los pueblos colombianos con los locos. Los recogen de las calles en volquetas a la media noche y los dejan tirados en las poblaciones vecinas.
La Comunidad Internacional está cerrada a la banda en que el señor Zelaya debe ser restituido en el cargo, o de lo contrario bloquean al país, no importa los sufrimientos que se desprendan, sobre todo para la gente pobre que vive de las ayudas del exterior, del comercio, de los proyectos que se financian con créditos externos.
Pero tienen razón. Aceptar lo que ocurrió, sería legitimar la arbitrariedad y la fuerza bruta. Nadie quiere regresar a los tiempos de esa América Latina de la década de los setentas y ochentas, fresca en la memoria, dominada por sátrapas encaramados a la silla de los presidentes en hombros de matones y sostenidos a punta de bala, salas de torturas, calabozos, atropellos y terror.
Parecía que las urnas se estaban aclimatando en la región y que, aún cuando fuese mascando freno y con la rabia contenida, los contrarios al régimen se aguantaban los gobernantes contrarios mientras llegaban las elecciones.
Los pueblos se estaban civilizando, eso creíamos. Esperaban a que terminaran los períodos, se organizaban para ir a elecciones y armaban sus batallas de discursos y diatribas, dentro de la ley, sin lacerarse las entrañas.
Lo de Honduras es un campanazo. Si nos descuidamos, regresamos al despeñadero de revoluciones y contrarrevoluciones en las que la gente se mata y los países se destruyen en matanzas, odios y miseria. Ese desmadre todavía tiene su regusto para mucha gente salvaje y desaforada que no se acomoda a la civilización, sino que le gusta mandar y disponer, ametralladora en mano. Es el juego macabro y bárbaro del todo o nada.
Zelaya, el presidente derrocado, se la buscó. Se puso de malicioso, dizque a hacer encuestas con urnas ¡cuándo se había visto! y por ese camino irse quedando en el puesto quién sabe hasta cuándo. Avivato y ambicioso.
Como otros presidentes latinoamericanos que andan haciendo trampas por este vecindario, para no devolver el puesto. El de Colombia, por ejemplo. Ya se quedó cuatro años más de lo que le tocaba, comprando votos a punta de notarías, embajadas y plata ajena. De corruptelas y abusos.
Estos tipos se meten en el cuento de que son insustituibles, montan el caballo y arrancan a avasallar lo que se les atraviese. Matan, persiguen, amenazan, mienten, violan constituciones, se alían con asesinos, hacen fraude… lo que sea… ¡para nada! al fin de cuentas, que merezca tanta pena… alucinados que si no están envueltos en banderas y bandas tricolores, se sienten en pelota. Sin importarles que su locura esteriliza las mentes y anega las praderas de sangre.
[Publicado Originalmente en La Tarde, Julio 5 de 2009]
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